La luna quebrada en el agua
con fulgor e intenso brillo,
en el «Arroyo Las Cañas»,
alumbra el viejo camino.
La sierra verde se empaña
de nubes con tonos rojizos,
estrellas de luces blancas,
vagan en errante delirio.
El paisaje se trastorna
en crepúsculo encendido,
con el aire transparente,
llegan olores a tomillo,
en ese instante sereno,
contagiado de cariño.
La tarde ya se prolonga
en azules, rosas, violetas,
en el poniente infinito
de un otoño diferente,
que compartiste conmigo…
Jierro
