El viaje de Anna

El viaje de Anna

En el lebrillo de la pitonisa vio aquella flor… Era la flor del chumbo que sale después del fruto, al contrario que la mayoría de las plantas…

Anna, se extrañó al ver aquella preciosa y exuberante flor de intenso color, que no conocía, cuando visitó por curiosidad a aquella meiga, para que le leyera las líneas de sus manos…

La bruja, miró el fondo de su lebrillo y le anunció: Es una chumbera y por sus espinas, conocerás la felicidad…

Era un día frío y ventoso en la costa norte de IRLANDA, su cabellera rojiza la mecía el viento y caminaba por la playa paseando a su perro… De pronto, el perro forcejeó y escapó de la cuerda: ¡PERSES!, ¡PERSES!, corría por la arena llamándolo; pero una racha de viento le tapó la cara con su pelo y fue a chocar con un joven.

Anna, se disculpó y se dio cuenta que su perro estaba allí junto a aquel chico que tenía una coqueta perrita, la cual había atraído irremediablemente a PERSES…

Se presentaron y dijo llamarse Andrew; desde entonces, se hicieron amigos, también los perros… Cada día, paseaban por las preciosas y salvajes playas irlandesas; Visitaban: La Calzada de los Gigantes y toda la zona del condado de Antrim…

Cuando llegó el verano, decidieron ir de vacaciones juntos a España, Anna había propuesto a Andrew conocer Andalucía, pues era un sitio, donde se criaba una planta, con la que soñaba a menudo llamada chumbera y que últimamente estaba casi extinguida por culpa de una plaga de cochinillas, y, poco a poco, se estaba recuperando. Su fruto era muy apreciado, tenía unas propiedades alimenticias y curativas increíbles, además de su porte original y sus flores exóticas…

Estuvieron de acuerdo en hacer el viaje en moto y dejaron a sus perros con unos amigos. Un barco, los desembarcó en el puerto de Santander y desde allí en moto, visitaron ciudades y pueblos, sin agenda, paraban dónde les apetecía y luego proseguían su viaje. Así llegaron a las tierras andaluzas y quedaron enamorados de la blancura de sus pueblos, aunque el calor se les hacía insoportable, comparado con las temperaturas de su país…

Hicieron muchas rutas: La ruta de los Pueblos Blancos de la que escribió mucho Washington Irving, el cabo de Gata, la costa de Cádiz, las marismas de Huelva, etc… pero Anna tenía un interés especial en visitar el Paraje Natural de El Chorro y el Caminito del Rey…

Cuando venían en su moto de vuelta de la excursión de El Chorro y Bobastro, al cruzar un puente vieron una planta de chumbera. Tal fue la alegría de Anna que Andrew salió disparado después de aparcar de cualquier manera su moto, a ofrecerle un chumbo a Anna… Lo mordieron ambos con tantas ganas,sin darse cuenta de las espinas….

Unos vecinos que paseaban por el puente, corrieron para avisarles, ellos creyeron que iban a llamarles la atención y la pareja no sabía como disculparse, a la vez que no podían ni hablar con las bocas llenas de espinas…

Manuel, uno de los chicos del grupo, fue a buscar unas pinzas y trató de quitarle a la muchacha todas las espinas que veía y así otro vecino ayudó igualmente a Andrew…

La chica, chapurreando el castellano le preguntó que cuál era su nombre y le dio las gracias, pero no podía dejar de mirar sus profundos ojos verdes y el color moreno de su piel, curtida por el aire y el sol… Manuel también le preguntó cómo se llamaba y le dijo que nunca había visto una piel tan blanca y un color de pelo tan rojo como el suyo… Manuel hablaba bastante bien el inglés, trabajaba de guía turístico, «EL FLECHAZO FUE INEVITABLE». Ella se sonrojó y quedaron los dos amigos en compartir una cena con aquellos vecinos…

Anna, habló con Andrew y le contó lo que le había dicho la meiga. Andrew, se volvió solo con su moto a Irlanda. Anna, se quedó una temporada con Manuel y sintió que su vida estaba junto a él. Regresó a Antrim para despedirse de su familia y amigos y presentarles a su marido, Manuel. Volvieron a El Chorro y sus hijos nacieron en ANDALUCÍA….

Jierro


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