Está brillando la canícula,
llega con aire nuevo,
las fragancias de las yerbas,
te traen a mi pensamiento.
Esos salvajes olores
reviven mi alma de invierno,
con voz débil de niña eterna
murmuran mis labios yermos,
a través de la distancia,
te sigo echando de menos.
Fingiendo ser polvo de brisa
quisiera acariciar tu cuerpo,
hurgando en la noche negra,
te busco y no te encuentro.
Mirando a la bella luna
ya rendida por el sueño,
veo tu luz en su espejo…
Jierro
