El viejo guardián del bosque,
torna a repoblar los espacios,
desnudos y sin ropaje,
de este suelo árido, seco…
y en caminos de frescas umbrías,
transforma al barranco salvaje.
En las quebradas pendientes,
curvas y frondosas ramas se extienden,
donde los árboles se levantan,
coronados de hojas donde duermen
y da abrigo a pájaros con nidos,
que con sus cantos arrullan y enternecen.
Cuando pasa salpicando la brisa,
humedece a las flores silvestres,
mientras corre cristalino el arroyo,
flotan brumas en la corriente,
que en mayo las riberas alfombra
y el soto en selva convierte.
Anochece entre tibios reflejos
cuando el sol traspone y oscurece,
llegan hadas con dulce revuelo,
que envueltas de secretos misterios,
en la cueva de la umbría permanecen…
Jierro
