Campos negros, carbonizados, encendidos,
¡Tiembla la culpa! el sol alumbra trágicamente,
lo que el fuego arrastra en su camino,
nubes blancas que no quitan la negrura
ni el espanto de la muerte en los nidos…
Miedo de las interminables llamas,
del abandonado llanto en el vacío,
temor de que el silencio no suene,
ni las hojas de los árboles se muevan
ni de que sus habitantes no pudieran escapar,
yendo de un lado para otro,
indefensos en un erial, desaparecidos,
¡la vida del bosque! ¿cuándo volverá?…
Jierro
