La extraña mariposa de otoño,
pegada al cristal de la ventana,
se calentaba al sol de oro
con su belleza ligera, callada…
La descubrí con emoción,
sentí alegría al cogerla;
pero se escapó de entre mis dedos,
cuando jugaba con ella.
Huyendo entre las hojas,
atravesó la estéril era,
abrió sus diáfanas alas,
besando a las heridas flores,
como si fuese una abeja…
En la estación equivocada,
vestida de suaves colores,
se posaba vacilante, buscaba,
en su solitario y tardo viaje,
al alba de primavera
que tras el invierno se esconde…
Jierro
