Cada vez es menos agradable leer la prensa o escuchar las noticias. Y esto se oye por doquier. Atentados, deterioros ecológicos, conflictos internacionales, tensiones crecientes… De alguna forma nuestros oídos se han insensibilizado ya al rumor de la violencia. Hay que recomendar optimismo y esperanza, pero ante la realidad esto resulta cada vez más difícil.
Los astronautas STORY MUSGRAVE y DONALD PETERSON a bordo del transbordador espacial estadounidense (vuelo STS-6) de la NASA en 1983 realizaron una caminata espacial o incursión extravehicular probando unos nuevos modelos de traje de peso 135 kilos, aunque no significa nada en el espacio, el funcionamiento de la esclusa de aire y nuevas herramientas y técnicas de montaje y reparación durante 4 horas y 15 minutos. Durante la misión, la tripulación desplegó el primer satélite de retransmisión SATÉLITE-A de la NASA y llevó a cabo numerosos experimentos científicos con materiales y observaciones desde el espacio de rayos.
El transbordador espacial estadounidense se considera hoy en día como un callejón sin salida de los vuelos tripulados. Los satélites, hoy una ayuda valiosa para la comunicación entre los seres humanos, pasarán a ser meros espejos que proyectarán contra la Tierra toda clase de rayos. El láser elevado a potencias desconocidas y terriblemente destructoras.
Y a todo esto la Humanidad lo llama «PROGRESO».
Durante el paseo un astronauta lloró y en un descuido de seguridad, se filtró la noticia. Pero, ¿por qué lloró el astronauta? ¿acaso pensó, ante el maravilloso espectáculo de contemplar nuestro planeta, en esa futura y absurda guerra espacial? ¿vio las sospechosísimas «manchas» de contaminación en las capas más altas de la atmósfera a su paso por el Amazonas? ¿simplemente se emocionó? ¿POR QUÉ LLORÓ?…
Jierro
Imagen: NASA, Astronaut Michael Edward Fossum; Dominio público
