¡Y qué lejos estoy de otras mañanas!

¡Y qué lejos estoy de otras mañanas!

¡Y qué lejos estoy de otras mañanas!
El otoño no espera, bajo los chopos se sienta,
y ella sonríe, en la tarde caída,
que la llena de melancolía, a la sombra de la sierra,
el cielo de rosa, gris y violeta,
con el remolino de hojas secas, juega la brisa,
y por el camino largo, la magia llega…

¡Ya estoy para lo que necesites!
cuando tú me llamabas, radiante y decidida,
al compás de las últimas cigarras…

Yo, con las manos metidas en los bolsillos,
avanzo, mientras te levantas segura, trágica,
aparta la luz negra del precipicio,
levanta la cabeza con dulce mirada,
y, nos quedamos en silencio, cercanos,
mientras una luz surge de improviso,
Con un extraño resplandor, despierta y clara…

Jierro


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